lunes, 29 de diciembre de 2008

Infamia


La profundidad de la injusticia de la situación en la que viven los palestinos es de tal magnitud, y tantos los malentendidos entorno a la misma que me resulta difícil escribir con sosiego sobre este tema, especialmente ahora que un millón y medio de palestinos malviven como conejos cazados por las bombas israelíes, que ya han matado a trescientas personas y herido a más de un millar en ese infierno llamado Gaza.

Se ha hecho ver como si lo que sucede no fuera sino fruto de un conflicto entre dos bandos iguales, como si los palestinos tuvieran una querencia especial por dañar a Israel ante lo cual al estado hebreo no le queda otra opción que adoptar medidas militares contra un persistente enemigo que le niega su derecho a existir. La realidad, en verdad, es exactamente la opuesta. Es el pueblo palestino el que carece de Estado, el que fue expulsado y vive oprimido. La resistencia armada palestina ante Israel no es la causa del conflicto, sino su consecuencia. La solución pues, es sencilla: El fin de la ocupación militar israelí y la proclamación de una nación palestina viable.

Las innumerables torpezas cometidas por los partidos políticos palestinos, los condenables actos de terrorismo, el resbalón hacia el islamismo, los errores tácticos múltiples en su estrategia por la libertad, el maldiciente uso que de su causa han hecho las naciones árabes, nada de ello resta un solo ápice de justicia a su causa: El pueblo palestino vive sometido desde hace décadas a una infame ocupación militar, a un expolio sistemático de su tierra y a una permanente vulneración de sus derechos más elementales.

El movimiento sionista (un ultra nacionalismo de rivetes fascistoides) colonizó Palestina, destruyó setecientos pueblos en 1948 y expulsó a tres cuartas partes de la población árabe de la región. En guerras sucesivas nuevos territorios fueron ocupados por Israel, y miríadas de nuevos palestinos huyeron y viven desde hace décadas vidas miserables en hacinados campos de refugiados. Sometidos a un régimen de apartehid, los palestinos, ciertamente, no han logrado articular una oposición civil y pacífica semejante a la que, en Sudáfrica, llevó al Congreso Nacional Africano a terminar con la infamia del racismo boer. Pero la paradoja es que constantemente se exige al pueblo palestino la heroicidad de sufrir todo tipo de atropellos , engaños y opresiones y a la vez aguantar, mantenerse calmados. Cuando pierden la calma, se les llama terroristas. Entre tanto, el Estado de Israel puede consituir un muro entorno a las aldeas palestinas, sembrar Cisjordania de controles militares, practicar la tortura como política de Estado, crear bloqueos incluso a la ayuda humanitaria y expandir sus asentamientos y bombardear universidades sin que por ello pierda su respetabilidad internacional.

Israel ha boicoteado sistemáticamente cualquier proceso a la paz. Paz y sionismo son dos conceptos contradictorios en esencia. El sionismo, como ya proclamara Naciones Unidas hace décadas, es por definición una ideología racista. Al girar de nuevo la rueda de la violencia, el gobierno de Israel logra el doble propósito de satisfacer a su alienada población civil (mayoritariamente sedienta de sangre árabe) y a la vez provocar en los grupos radicales palestinos respuestas violentas, imprescindibles para que de este modo Israel justifique la necesidad de prolongar la ocupación. Toda muerte es una tragedia. Cada vida perdida vilmente en un atentado en Tel Aviv, o bajo las ciegas bombas del ejército israelí es un fracaso de todos.

Viva el pueblo palestino. Viva el pueblo judío. Abajo el sionismo.
(Foto: Eva Pastrana)

martes, 23 de diciembre de 2008

Katmandú

19 de agosto, 1991

Escribo en el hotel, de noche. Acabo de matar a una hormiga. Todo corre a favor nuestro en Nepal. La comida y el alojamiento se adaptan al gusto occidental, del que aún no sabemos bien como librarnos. Katmandú es de un color fantástico. Los edificios de la ciudad vieja, de ladrillo roído y madera oscura tallada, hechizan. Por fin hoy logramos contemplar a los lejos el Himalaya. Al mediodía chispeó y el cielo permaneció gris durante el resto de la tarde. La vida nos es grata aquí. Al fondo se yergue la sombra inmensa de una Calcuta a la que no dejo de temer.

Ayer asistimos a tres cremaciones junto al río. Miré fijamente largo tiempo al cadáver envuelto en paño naranja y cubierto con polvo de colores y coronas de flores. Colocaron el cuerpo sobre la pira, prendieron fuego y sus miembros se doblaron, rígidos como ramas y se abrasaron en poco tiempo. Carne de hombre quemada. Cuerpo inmóvil entre el fuego. En el río, los niños no dejaban de jugar. Tomábamos fotos. Y el cadáver ardía. Ardía. Hasta consumirse. Arrojaron a las aguas las cenizas. La plataforma de cremación quedó desnuda, a la espera de otros cuerpos, de nuevos fuegos, de savia para teñir de gris la corriente perpetua del río de escaso caudal.

Ayer un cadáver me miró largo rato y, através de su paño naranja, me habló, con la voz del fuego crepitante. Ayer mi alma se dobló en dos partes, y vuelta sobre si misma, casi temió quemarse.

Jaisalmer

12 de agosto, 1991

He escrito la fecha aproximada. Hace tiempo que perdimos noción del día en que vivimos. Llevamos dos días aquí, en medio del desierto de Thar, alojados en un hotelito de habitaciones exteriores.

Este es, quizás, el lugar más pacífico que hemos conocido hasta el momento en la India. En el centro de la parte antigua se alza, sobre un montículo de arenisca, la ciudadela. Rodeada de gruesas murallas en el interior se hacinan casitas del color del desierto y discurren callejuelas tortuosas por las que los niños juegan a las guerras. A sesenta kilómetros de aquí comienza Paquistán. Ayer cruzaron la frontera un puñado de irregulares musulmanes y raptaron a dos o tres mujeres de una aldea india cercana. Creo que hemos llegado al corazón geográfico del mundo de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Breve anecdotario de urgencia: Una vaca (sagrada, por supuesto) corneó levemente a Elisa en el costado. Cantidades apreciables de ron y de cerveza colmaron nuestras copas la noche pasada. Mi estómago tímidamente me reprocha el desaprensivo comportamiento. A mediodía tomaremos un jeep rumbo a las dunas, acamparemos allí y regresaremos en camello a la ciudad. Dormiremos pues bajo las estrellas, escucharemos el silvo del siroco y amasaremos nuestros chapatis al calor de la hoguera, en tanto el camellero, nos relata viejas leyendas de contrabandistas…¡espero!

lunes, 15 de diciembre de 2008

En la selvas de Mindanao

Los indígenas sibuyem de Zamboanga de Sur nos recibieron untandonos de sangre de pollo las manos. El chamán nos invitó ingerir por una pajilla de bambú el bebedizo de hierbas de alta graduación contenido en una gran marmita de la dinastía Ming (fruto de los tratos comerciales con China antes de la colonización española). Totalmente colocados, bailamos las danzas tribales, al ritmo monótono y por eso mismo agotadoramente místico del gong. A continuación partimos a caminar por la selva acompañados de media tribu. Nos sumergimos en calzones en una pequeña cascada entre el follaje. De regreso, los campos de arroz resplandecían a orillas de la senda como mares de seda. El sol de la tarde se resbalaba por las tupidas laderas.

Todavía atrapados en la nebulosa inconsciente de lo que habíamos bebido, nos reunimos con los ancianos y los jefes de otros poblados para discutir el proyecto de desarrollo. Nos hablaron del gran águila que protege la cumbre del monte santo y del brujo muerto hace veinte años cuyo cuerpo permanece incorrupto en una de las cabañas de la aldea. Mencionaron también a las compañías mineras canadienses que arrasan el monte, los alcaldes y gobernadores que les estafan y las armas que logran de contrabando gracias a los comunistas, para así preparar una insurrección en toda regla si les siguen tocando las narices unas décadas más.

Por la noche, nueva ingesta del rústico soma, más baile y a dormir la mona en el mismo gran palafito de bambú donde se celebraba la fiesta. Para tranquilizarnos, el anciano jefe del poblado nos recordó que permanecerían despiertos cuidándonos, por si se presentaba la guerrilla islámica, y así morir todos juntos. A la mañana siguiente, sin resaca de ningún tipo, pero abotargados tras la noche casi en vela, disfrutamos de las vistas de la montaña sagrada entre el vapor denso del amanecer selvático y regresamos a Cagayan de Oro, tras nueve agotadoras horas de viaje cruzando puestos de control militar. Enseguida supimos que acabamos de dejar atrás una parte de nosotros.

Cifras navideñas

2008 años desde la fecha tradicional del viaje de José y María, desde Nazaret hasta Belén. 10,500 palestinos detenidos sin juicio en cárceles israelíes a fecha de hoy, incluidos 45 miembros del parlamento. 699 puestos de control militar impidiendo el movimiento de las personas en Cisjordania. 1,300,000 pobladores hacinados de Gaza sin poder salir al mundo exterior. 457 palestinos asesinados por el ejército de Israel en 2008, la mayor parte civiles, incluidos 97 niños. 10 israelíes asesinados por activistas palestinos en el mismo período. 4,900,000 refugiados palestinos en el mundo. 40 años de ocupación militar.
(Foto: Eva Pastrana)

Rencuentro

Me reencuentro en Manila con un amigo cooperante. Diez años llevábamos sin vernos. Repasamos los países, los trabajos. Hablamos del pasado y del presente: el hospital por piezas descargado a mano por dos mil estibadores en un puerto remoto de Haití, la miseria de los indígenas en las minas de níquel de Butuan, la guerra de los objetores, el cuadro de ropa tendida regalado en una boda…

Recordamos luego a los compañeros de entonces y deshilamos el ovillo de sus vidas. M. casó por fin con el hipnotizador cubano que conoció en Guatemala. C. abandonó la Cruz Roja. S. rompió con su esposa y embarazó a una muchacha nicaragüense. P. ya no trabaja para la Unión Europea ni toca el violín en Belgrado. F. sigue buscando petróleo en Bujara. Nos comemos unos callos y decimos a la vez: "que poco ha cambiado todo".

Democracia enciclopédica

La Wikipedia (y me refiero aquí a su versión en inglés, que contiene cinco veces más entradas que la edición española, casi todas más exhaustivas y meticulosas) es maravillosa.

Claro está que, si se la pide "toda" la información sobre un asunto, nos defraudará. Ese es, al fin de cuentas, el pecado original de todas las enciclopedias desde que se inventaron hace doscientos treinta años. La Wikipiedia no contiene todo el saber, pero lo estructura, lo relaciona, lo condensa y lo hace digerible. Eso es, en definitiva, lo único sensato que se puede esperar de un diccionario enciclopédico. En ello, en principio, se diferencia bien poco de cualquier otro compendio del conocimiento. Lo que por supuesto hace fascinante y única a la Wikipedia es que sea obra de un número ingente de manos, y no siempre las de reputados expertos o acartonados académicos presos de sus convencionalismos. Por eso, en paralelo a los saberes ortodoxos, uno encuentra allí todas las heterodoxias posibles: desde autores en verdad malditos a teorías matemáticas peregrinas, pasando por la biografía de los personajes de Pokemón o la descripción detallada del régimen político en Sikkim. Si te pierdes al azar por sus entrañas, descubres enseguida nuevos mundos, corrientes periféricas de la cultura, reseñas de individuos sorprendentes perdidos en los vericuetos de la historia.

La Wikipedia es neutra. Todo cabe en ella, con tal que el asunto se cuente con rigor y resulte relevante para alguna inmensa minoría. Por eso, pese a su vastedad inmensa, al final la Wikipedia es de dimensión estrictamente humana, porque habla al lector de tú a tú, como un libro leído en voz alta, una conversación amena de alguien bien informado o los comentarios a mano en un libro prestado. La Wikipedia no nos lo enseña todo, pero nos abre los ojos hacia todas las direcciones posibles.
(Foto: Luis Echanove)

martes, 2 de diciembre de 2008

Días de la semana

Es curioso cuanto puede llegar a diferenciarse un domingo de un lunes.

Tengo visita, así que dediqué el día de ayer a recorrer algunas de los desconcertantes lugares que la ciudad de Manila puede ofrecer a un viajero ocasional. Pasamos la tarde en Serendra, un centro comercial al aire libre donde las tiendas de lujo se miran las unas a las otras entre la distancia de un cuidado bulevar decorado con fuentes, y por el que las familias ricas pasean a sus hijos acompañados de ejércitos de sirvientas en uniforme azul bien planchado. Entramos en un comercio extraño. Limpisimas vitrinas guardaban colecciones inverosímiles de soldaditos de plomo y personajes de ficción. Las reproducciones de cinco centímetros de los ratoncitos de la Cenicienta (made in Walt Disney) costaban vez y media el salario mensual de una de esas sirvientas de uniformes azules. Una zona de la tienda exhibía objetos para mascotas, tales como disfraces de Blancanieves para perros y bolsitas de comida de gatos a precio de dos jornales de trabajo. De una de las paredes colgaban fotos de una reciente celebración de chihuahuas en la que los animalillos disfrutaron de un buffet de croquetas de sabores y pastelitos variados.


Hoy, lunes, llevo en la oficina todo el día revisando una solicitud urgente de ayuda alimentaria y semillas mejoradas de arroz para su distribución a varios cientos de miles de granjeros en extrema pobreza.
(Foto: Luis Echanove)

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Ciudad en fuga

Todas las pistas apuntaban en la misma dirección. Un fuego remoto ardía en el horizonte. La columna de humo tupido ascendía oblicua, rumbo a la bahía, como huyendo de las montañas, del ruido, de la ciudad. Bajo el asfalto y el cemento, tal vez discurrían aun los esteros cenagosos de antaño. El paisaje olvidado, enterrado más bien bajo esa alfombra de ciudad resplandeciente, se escapaba por las fisuras del concreto, en forma de tímida mata, de humilde hierba, de árbol romo en un jardín contaminado.

Manila, aquella mañana, quería escaparse, quería no ser ella misma, quería abandonar la apacible tranquilidad del estrés humano y ser de nuevo pantano y canales salobres, abiertos al mar, como venas de un cuerpo oceánico. Manila quería echar a volar sobre el sombrero gris de neblina intoxicante, ascender a los cielos, trepar los volcanes agonizantes de Bataan. Quería transformarse en aldea campesina, en isla desierta, en cumbre de cordillera. Ser ciudad, al cabo de los siglos, es un ejercicio agotador. Verse caminada, generación tras generación, vivir bajo las cosquillas de una miríada de hombres, de mujeres, de vehículos, de autobuses, siempre circulando a granel, sin rumbo…Manila ya no podía fungir de hormiguero ni morada para nadie. Quería, solo, evadirse, huir lejos, sin dejar pistas, como se marchan las gaviotas.
(Foto: Luis Echanove)

martes, 25 de noviembre de 2008

La hermandad de los cuerdos

Llevan una vida diferente, pero todos comparten algo parecido. No sé lo que es. Tal vez el modo de mirarte. Es como si formasen parte de una gran hermandad secreta sin saberlo. Son la gente que se juega el tipo por algo más grande que ellos mismos.

Suena trasnochado hoy en día hablar de héroes, pero como he conocido algunos, lo hago sin titubear. Casi nunca han escogido su suerte (¿quién puede hacerlo?). Se han encontrado con ella y la han plantado cara. Será por eso que su mirada brilla de ese modo: han visto al destino de cara, no de canto.

No contaré lo que hacen. Sólo daré los nombres de algunos: el maya Rodrigo; Ahmed, el doctor de Jerusalén; Peter, el cura geógrafo de Mindanao; Blas, con su sonrisa del hombre del bosque.

No están locos, sino cuerdísimos, tan cuerdos como para comprender que, en este manicomio planetario, la vida lo vale todo.
(Foto: Ignacio Huerga)

Cooperantes cuentistas

Hace unas semanas se presentó en Madrid el libro “Maleta vacía y otros relatos de cooperación”, que reúne la narración ganadora (obra de Javier Esteban Jiménez) y los catorce accésit y finalistas del certamen de cuentos sobre cooperación organizado por la revista el Rapto de Europa y la AECID. El concurso, al que concurrieron 150 obras, ofrece una ventana abierta para que los profesionales del mundo de la cooperación expresen, en clave literaria, sus vivencias, reflexiones o creaciones sobre la realidad del Sur en la que trabajan. El libro incluye el cuento “Sueños de Manila”, obra de Eva Pastrana, novia (primero) y mujer (después) de quien esto escribe.

Para saber más sobre este asunto y hacer pedidos:

lunes, 17 de noviembre de 2008

Asteroides mentales

Yo antes cuando me sentía superado por las circunstancias, inquieto o triste, cerraba los ojos y dejaba desfilar libremente por mi mente estrellas de púlsares, antimateria, súper cuerdas o agujeros negros. Siempre funcionaba: al poco rato caía en la cuenta, bastante bruscamente, de mi nimiedad, y al momento las preocupaciones se disolvían en el polvo estelar. Mi afición al escapismo astrofísico me comenzó con Cosmos, aquella extraordinaria serie de televisión dirigida y presentada por Carl Sagan. Después leí el libro, y quise aprender más. Durante unos años me dediqué a cazar en las librerías todos los títulos sobre física cuántica o teoría relatividad que encontraba, siempre y cuando fueran baratos (baratos para mí, en esa época, significaba menos de 300 pelas). Claro está que tanta lectura astrofísica, más que aumentar mis conocimientos me secó la mente, como si de libros de caballerías se tratase. Cada vez entendía menos de aquellos ensayos, por más que supuestamente estuvieran escritos en tono divulgativo, para el gran público, como se suele decir (aunque yo, por entonces, era relativamente pequeño). Pero pronto dejé de preocuparme. Poco importaba comprenderlos mucho o nada en absoluto. Bastaba con leer aquellos mostrencos de corridillo para que sus efectos tautológicos se produjeran.

Como soy adulto, ya no hago estas cosas. Y es una lástima, porque, la verdad…¿ hay en esta vida algo más importante que una estrella de neutrones?

(Foto: Ignacio Huerga)

sábado, 15 de noviembre de 2008

Matagalpa

La montaña norteña, en el lindero entre Matagalpa y Jinotega, aloja en sus valles la memoria de migraciones rotas, de asentamientos decimonónicos no siempre exitosos. Las cumbres resguardan los cafetales en los que laboran los descendientes de aquellos daneses que, según se cuenta, malvivieron por décadas al refugio de los sueños apagados de una prosperidad de espejismo. Otros europeos, aislados en remotas comarcas, desperdigaron su rastro tomando mujeres del lugar. Aquí y allá, en los caseríos de tablones, uno encuentra entre la chavalería muchachos de ojos claros y rostros pálidos enredados en juegos o acopiando leña.

Claro está que algunos alemanes o franceses medraron y casaron con linajudas hijas de la desflorada élite criolla. Para ellos se abrieron en Matagalpa aquellas tienditas de abastos con acopio de bienes ultramarinos que ni en Managua se encontraban en aquellos años. Herederos decadentes de aquellas boutiques de far west, los almacenes comerciales matagalpinos todavía hacen gala de un cierto cosmopolitismo desabrido.

Esa atmósfera de ambiciones varadas baña aun hoy a Matagalpa, meciendo a la pequeña ciudad provincial en el desvencijado lecho de lo que pudo haber sido y no fue.

No te detengas nunca

Cae la lluvia sobre el camino, y con cada gota, suena una palabra de esa misteriosa voz que nadie entiende.

No te detengas nunca antes de que la voz se esfume.
(Foto: Ignacio Huerga)

Jirones


Se han rasgado los vestidos del cielo. Ahora está desnudo; por eso se oculta. Sus jirones se deshacen entre mis dedos.
(Foto: Ignacio Huerga)

Este cuento no se ha acabado

Voy a contar un cuento.

Érase una vez un muchacho de escasas cualidades pero grandes parentescos que consiguió, muy bien recomendado, plaza de becario de lujo en un organismo público en el extranjero. Resultó que el susodicho salió rana, y al cabo de un año terminó discreta y dignamente expulsado del trabajo, tras probársele un caso de pertinaz acoso sexual a una compañera de oficina y ser acusado judicialmente de lo mismo por otra joven. Pese a tales antecedentes, y gracias al generoso nepotismo que guiaba su carrera, poco le costó a nuestro protagonista salir airoso del evento y lograr un nuevo puestazo, esta vez como asesor de copete en uno de esos países que nadie quiere reconocer y en los que los funcionarios extranjeros cobran fortunas. Cansado del lugar, al poco el padrinazgo familiar logró encontrarle cobijo de nuevo, con nómina en el trópico, en la misma organización internacional de la que fuera expelido por zalamerías criminógenas.

Todo lo que he contado, por supuesto, no tiene ni un viso de verdad ya que, como todos sabemos (nos los enseñaron desde niños), los malos nunca ganan, el que la hace la paga y a los puestos de responsabilidad se llega por meritos personales, con esfuerzo y honestidad. Y colorín colorado.


(Foto: Luis Echanove)

jueves, 13 de noviembre de 2008

Acracia

Siempre he pensado que la única forma de organización política completamente decente es el anarquismo. El hecho de que no se haya puesto en practica nunca en ningún sitio (salvo en la Patagonia en los años 20 o en el Aragón del 37), mas que probar que no sirve, demuestra simplemente que en las relaciones humanas la decencia brilla por su ausencia.

Claro está que la anarquía arrastra una fama terrible. El diccionario la define como sinónimo de caos. No deja de sorprender que, para tratarse de un modelo aún no puesto casi nunca en práctica, se le cuelguen tan negativos sambenitos. El comunismo produjo a Stalin y el horror del gulag, el nacionalismo es el padre putativo del fascismo. La democracia parlamentaria/capitalista occidental ha difundido prosperidad en casa, pero a costa de generar guerras y pobreza en el resto del planeta. Pese a todo eso, comunistas, nacionalistas o demócratas-capitalistas caminan con la frente alta, orgullosos de sus ideas, por las calles y callejones del mundo. En cambio, los ácratas (que haberlos, haylos) son considerados unos lunáticos que no merecen ningún crédito, y eso, insisto, pese a que pocos males cabe atribuir a su causa política hasta la fecha.

Históricamente, una cierta corriente anarquista (la de Bakunin) derivó en violencias gratuitas, casi nihilistas. Pero el árbol ideológico anarquista es bastante frondoso, y la mayor parte de sus ramas son de un pacifismo que sonrojaría a la ministra Chacón: el colectivismo, el mutualismo, el anarcosindicalismo, el cristianismo anarquista, en anarco-ecologismo...

Cuando Rousseau hablaba de separación de poderes y de los derechos de las personas, muchos en su tiempo lo tomaron por un freaky colgadillo. Algún día, espero que nuestros nietos se sonrían recodando como sus abuelos consideraron a Godwin, a Tolstoi o Peter Lamborn también como unos ingenuos.
(Foto: Luis Echanove)

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La materia de sus sueños

Azarosa como la vida. Roja como el azul del cielo en la frontera de la noche. Así era la materia de sus sueños.

Confusa como el pasado más sencillo. Distante como el mundo de su alma. Así era la materia de sus sueños.

(Foto: Luis Echanove)

Memoria del laberinto

En un ignoto corredor del laberinto imaginario, fundaron los titanes el mundo de la piedra sobre piedra. Sus hijos, los guerreros, sangraron el granito. Los marmóreos nietos refundieron las ruinas del pasado.

Y llegaron ellos, con las ataduras del espacio y el rencor bastardo del tiempo.

Olvidaron el camino de regreso. Aún vagan por el laberinto.
(Foto: Luis Echanove)

domingo, 9 de noviembre de 2008

Saturrarán

Yo casi todo lo poco que sé sobre la vida lo aprendí con cuatro o cinco años en Saturrarán: el gusto por el agua fría; el miedo a las corrientes y a los ondarraspikos; la excitación aventurera de mi tío Juan, con su canoa apache y su sombrero mejicano; el cielo azul claro y el mar azul intenso; el goce de la arena húmeda en los pies y el sol caliente en las mejillas.

Volví a Saturrarán veinticinco años después, cuando esparcimos las cenizas de mi padre. La playa había cambiado un poco: obras en el cercano puerto alteraron las corrientes, sembrándose de guijarros los espejos de agua en bajamar.

El horizonte seguía ahí, igual, mirándome en silencio. Perdí la vista en él y al momento me di cuenta de todo lo que había olvidado desde entonces.

Mankuso

Intrigado por la identidad de Mankuso (comentarista habitual en este blog), pinché con el ratón sobre su firma, en busca de respuestas. Lo que encontré me sorprendió. Mankuso resultó no ser el patrullero taciturno que pisaba los talones a Ignatious, el necio conjurado, ni tampoco un miembro de la banda de rock del mismo nombre que Jaime Godino (compañero de colegio de la infancia) fundara en Villaviciosa de Odón hace siglos, por los años en que Doctor Mahou y los Patanes cantaban a un Poti diferente al de Mira quien baila.

La página Web de Mankuso me condujo a un listado de reseñas de cortometrajes, todos protagonizados por antihéroes indispensables, tales como el tipo que da infinitas vueltas con su moto a una misma glorieta, un individuo que pasea a sus perros por la playa con la vana esperanza de toparse con Almodóvar o esos dos sujetos desesperados porque se saben blancos pero se sienten negros. Sigo sin saber quien es Mankuso, pero ya mantengo un trato cordial con sus personajes, casi de amistad.
(Foto: Luis Echanove)

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Cambia, todo cambia

Francis Yokohama, profeta de medio pelo con ínfulas de historiador, predijo hace una década el fin de la historia. El acabose de la Guerra Fría y la consecuente universalización del capitalismo, según él, traerían de la mano el fin de los conflictos y la muerte de las ideologías, lo que a la larga generaría una especie de feliz abulia universal, en la que los noticieros de la BBC terminarían quebrando por falta de audiencia, dada la falta de materia prima sobre la que informar. Supongo que el pobre hombre, a estas alturas, y dado el descalabro de sus predicciones, debe estar sobreviviendo a base de barbitúricos, presa de una depresión profunda.

La primera década del nuevo milenio nos ha brindado un rosario de hechos y descubrimientos que nadie dudaría en tildar de históricos, en el pleno sentido de la palabra, esto es, que cambian el curso de las historia. Me limitaré a destacar algunos, de naturaleza variopinta: (1) El 11S, que fue a la evolución del terrorismo lo que la imprenta fue a la de la escritura (i.e.: multiplicó exponencialmente la repercusión de sus efectos); (2) la mega expansión de Internet y consecuente muerte fulminante de todos los aislamientos y provincialismos posibles; (3) el cambio climático, una amenaza mucho mas letal para la raza humana que la peor pesadilla bélica; (4) la lectura íntegra de la cadena del ADN, que por fin nos abre las puertas al conocimiento consustancial de nosotros mismos y (5) la reciente crisis financiera, que ha colocado al sistema económico mundial al borde del abismo. No añado a este listado provisional acontecimientos tales como la guerra de Irak, el lanzamiento del euro o la universalización de la telefonía móvil, por citar otros cambios importantes ocurridos en los últimos lustros pero, tal vez, no tan seminales en la creación de Historia.

Pues bien, me dispongo a añadir un sexto suceso al top de hechos históricos del siglo XXI: la elección de Obama. Y si así pienso no es, principalmente, porque sea la primera vez en la historia que un afroamericano llega a la presidencia de Estados Unidos, tampoco por que haya ganado las elecciones con el margen más abultado en décadas, ni por haber arrastrado la mayor participación electoral en 48 años. Ni tan siquiera lo creo poque se trate de alguien que de niño comió carne de perro y se educó en una madrasa, esnifó coca de adolescente y de joven curraba ayudando a la gente pobre...un pasado poco usual para llegar al puesto de mas responsabilidad de este planeta. No es por nada de eso por lo que elevo al pedestal de la Historia el momento de su elección. La razón por la cual sostengo que se triunfo es histórico no es por lo que ha pasado, sino por lo que va a comenzar a pasar. Obama simboliza, cristaliza, expresa algo totalmente nuevo, una época por llegar, una era que apunta fresca en el horizonte. Obama no es importante solo por lo que es (y es mucho), sino por lo que representa. Para entender esto, bastaba con ver la BBC (que para desgracia de Yokohama, sigue emitiendo) en las horas posteriores a la victoria electoral y diluirse en las lagrimas de emoción en Chicago, la explosión de alegría en Harlem, las desbordantes fiestas juveniles en todas las universidades de América, los bailes de jubilo en Kenia, el ambiente de esperanza en toda Asia, el respiro de alivio en Europa, la sonrisa en las calles árabes… ha ganado Obama. La humanidad, por fin, es dueña de la esperanza.



(Foto: Luis Echanove)

martes, 4 de noviembre de 2008

Salida


Este blog acumula ya casi 90 entradas. Para compensar, creo que debo incluir alguna salida.




Tiempos soleados

La luz natural, la luz del sol, cambia los paisajes y los ánimos. Nada hay que de forma tan nítida moldee la personalidad de un lugar como el tipo de luz que el cielo difunde. En del trópico hay al menos tres clases de luces. Está ese resol intenso de la temporada seca en las ciudades, que reflecta poderosamente sobre los objetos, los edificios y el asfalto, hasta cegarte la vista, como una sustancia pegajosa y agradable a la vez. Hay también una luz apagada, la de la temporada de lluvias. Es una luminaria mortecina pero llevadera, que produce una melancolía transitoria. Mención a parte merece la luz en la selva, que se filtra entre las sombras largas en haces, como en una escenografía artificial, a la vez hostil y cercana.

En el centro de Europa los eternos días encapotados del invierno emiten una luz gris, triste y desabrida, deseada pero inasible. A veces, cuando las nubes se abren, se producen esos días soleados que inundan de colores las calles y los parques.

Madrid es, en el mundo de las luces, un género propio. Su luz seca y radiante del atardecer enardece, besa el rostro, contagia la Sierra y da forma a esas nubes planas que Velásquez siempre colgaba al fondo de sus retratos ecuestres.

Y por fin, está la luz del Mediterráneo, que es la misma desde Gaza hasta Valencia, pasando por Menorca, Sicilia o la isla de Pag. Es una luz indescifrable, una luz sin epítetos, luz en sentido literal, diáfana, plena, luz de civilización, luz de siempre.
(Foto: Luis Echanove)

lunes, 3 de noviembre de 2008

Imperios, luces y sombras

Todo imperio ofrece un legado de luces y de sombras. Los persas destruyeron Babilonia, pero garantizaron la libertad religiosa en sus dominios. Alejandro Magno arrasó naciones, pero difundió el librepensamiento griego en todo el Mundo Antiguo. La España Imperial conquistó América con la fuerza de la espada, expulsó a moriscos y sefardíes y fomentó crueles guerras de religión en Europa, pero reconoció la condición humana a los indios (todo un avance moral para la época) y vio surgir el esplendor cultural del Siglo de Oro. España fue Torquemada, y España fue también Bartolomé de las Casas. La Francia Napoleónica ocupó Europa a sangre y fuego, pero exportó la Ilustración. El Imperio Británico dominó con puño de hierro África y la India, pero fue la cuna del parlamentarismo y del pensamiento científico.

Estados Unidos nació como una sociedad esclavista, exterminó a los indios de las praderas, controló América Latina durante un siglo a base de apoyar a infames dictadores y fumigó Vietnam con bombas químicas, pero también puso freno a la amenaza mundial del nazismo y del imperialismo japonés, fue la cuna del anti esclavismo, el sufragismo, el feminismo y el movimiento de los derechos civiles, e inventó la libertad de prensa y la independencia judicial. Ha sido regido por hombres estúpidos como Nixon o Bush, y también por otros grandiosos como Lincoln o Roosevelt. Luces y sombras, pues, se alternan en el tejido de la historia humana.

En los últimos ocho años, el Imperio Americano sólo ha producido sombras (Irak, Guantánamo, el recorte de libertades, el caos del Katrina, la crisis financiera…) Obama, un mulato criado en el Tercer Mundo y de profesión trabajador social, está a punto de convertirse en presidente de Estados Unidos. No diga que sea el hombre perfecto (¿quién lo es?), pero de algo estoy claro: con él las luces vuelven a encenderse en Norteamérica y, por consiguiente, en el resto del mundo.
(Foto: Luis Echanove)

Fin de siglo en Palestina

Miguel Antxo Murado, amigo, extraordinario escritor y periodista, ha publicado en Lengua de Trapo un libro definitivo sobre el Conflicto de Oriente Medio. No se trata de un ensayo sobre los recovecos políticos de la catástrofe Palestina (eso ya lo describió en otro soberbio libro, publicado hace un par de años). Esta vez Miguel nos regala una crónica en primera persona de sus años vividos a caballo de la Intifada, el cambio de milenio y la paz truncada. Luminoso, de un humor irónico y brillante pero a la vez entrañablemente humano, Fin de Siglo en Palestina es una obra imprescindible para quienes, más allá de los discursos y de las noticias, quieran asomarse a la vida cotidiana agazapada bajo los titulares y las declaraciones.

Siempre me ha atraído el hecho de escribir, pero lo que de verdad he buscado, supongo, es convertirme en personaje (real o de ficción) en obra ajena. Hete ahí el quid de todas las vanidades. Miguel me ha deparado tal privilegio…

"Nos reuníamos en la solitaria casa de los cooperantes Juan Echanove y Eva en lo alto del monte de los Olivos, en un páramo rodeado de perros callejeros y olivares. Esos olivos podían tener más de mil años, y se decía que alguno de ellos habría estado allí en tiempos de los Evangelios, testigo del drama de Getsemaní. Allí empleaba Juan sus ratos libres en escribir, precisamente, una larga disertación contra el monoteísmo que había comenzado a redactar en su anterior destino, Nicaragua, y que concluiría algunos años más tarde en el siguiente, Filipinas. Charlábamos y bebíamos hasta que ya no había luz en el cielo y entonces, sentados en el porche, contemplábamos el desorden de bombillas de Jerusalén este y la Ciudad Vieja, tragada en una oscuridad profunda (…). A veces, se escuchaban aullidos, como de lobos. - Son los perros salvajes- decía Echánove con toda tranquilidad. "
(Miguel Antxo Murado. Fin de Siglo en Palestina).

El pintor que dio nombre a un planeta menor

Conocí a Nicholas Roerich de forma harto extraña. Vagaba yo por aquel entonces, mochila a la espalda, por el mágico valle de Kulu, en el arranque de los Himalayas. Una señal en el camino apuntaba hacia un desvío. Al fondo de la senda, una casa blanca de adobe albergaba una fascinante colección de pinturas del maestro ruso. Era yo por entonces mozo, y vivía atrapado en las lecturas de Hesse, de Fromm, de Huxley. Toparme con la obra de aquel pintor, asceta y filósofo, fue como leer, en formato visual, el mensaje escondido en los libros de aquellos autores. Incorporé a Roerich al listado oficioso de mis pintores favoritos (junto a Vermeer, Botticelli, Velázquez o Turner…la lista permanece abierta) y aprendí que aquel eterno candidato al Novel de la Paz, promotor del hermanamiento universal de los creadores y explorador incasable del Asia Central fue, antes que nada, un genio. Años después tuve la fortuna de sumergirme en algunos de sus cuadros en la Galería Nacional de Tiblisi, en Georgia. Nunca he estado en Moscú ni en Nueva York, que albergan el grueso de su colección, pero lo que he visto me basta para pasmarme.

Roerich fue a la pintura rusa lo que Tolstoi a la literatura: mitad pope, mitad artista, sus paisajes de tonalidades inverosímiles parecen iconos de un devocionario naturalista.

Rusia, puente boreal entre Oriente y Occidente, es madre de un sutil misticismo.
(Foto: San Panteleon. Nicholas Roerich, (c) Wikipedia)

Se nos ha ido Domingo

Se nos ha ido Domingo Moraleda. La muerte se lo ha llevado a traición, de repente. Fue en un aparatoso accidente de circulación. Su jeep chocó frontalmente contra un autocar fuera de control, al norte de Manila.

Conocí a Domingo hace cuatro años. El llevaba cuarenta trabajando como misionero, primero en África (Macías lo hizo salir de Guinea Ecuatorial a punta de pistola, por su denuncia constante de las barbaridades que el dictador cometía) y luego en Filipinas. Vivió los años más duros de la guerra entre el ejército filipino y la guerrilla mora en la remota isla de Basilán, epicentro mismo del conflicto. Fue mediador de paz, superior de los Claretianos, asesor Vaticano, viajero incesante por Asia, formador de religiosos, promotor social, hablante de docena y media de lenguas, y, ante todo y sobre todo, líder y hombre de bien. De su enorme y limpia sonrisa emanaba una energía inmensa, una afabilidad contagiosa, un sentido tranquilo y a la vez valiente ante la vida propio de esos pocos que saben afrontarla cara a cara, sin titubeos. Domingo tenía un propósito constante en todos sus actos y todas sus palabras: generar felicidad a su alrededor, hacer un mundo más justo a golpe de sinceridad y cariño.

Ayer despedimos a Domingo en la sencilla capilla de ICLA, el centro de formación espiritual que el había creado y dirigía. Su gente, gente comprometida con la vida, gente sencilla de Vietnam, de China, de Birmania, de la India, del Pacífico, gente de bien, le honró con sus canciones, sus oraciones y sus silencios.

Se nos ha ido Domingo, en el día de Todos los Santos.

martes, 28 de octubre de 2008

Viento

Ha nacido mi hija. El viento sopla fuerte hoy en Madrid. Recogidos en la casa, escuchamos canciones de otro tempo y otro país. Y siento que otro viento, el de la vida, sopla también, en los ojos dormidos de Olalla, en la sonrisa de Juan, en las carreras de Carmen buscando curiosa unos columpios. La vida lo llena todo, surge, brota con fuerza, crece, se enrosca, a veces duele, otras estalla como un haz de luz al atardecer. La vida sobrevuela las calles de mi ciudad, navega por los cielos, se posa en las fotografías, en los objetos cotidianos, en los paisajes, en las conversaciones con los amigos, en los libros, en las canciones, en los momentos perdidos. La vida sobreviene, la vida impone su ingenuo mirar. La vida, al fin, también acaba, pero brota de nuevo, siempre, en las hojas de los árboles, en las crestas de las olas, en los ojos de Olalla, de Juan, de Carmen.
(Foto: Luis Echánove)

lunes, 8 de septiembre de 2008

Cerrado por vacaciones

Me voy al Foro hasta inicios de noviembre. No actualizaré mucho el blog durante este tiempo.

Aprovecho para agradeceros a todos el tiempo que habéis perdido leyendo los desvaríos que aquí se publican. Perder el tiempo es, a fín de cuentas, el secreto para poder encontrarlo.
Juan

(Acuarelas de Ignacio Huerga)

sábado, 6 de septiembre de 2008

Para siempre

Permanecí sentado hora y media en el mismo banco. A veces leía un libro de Tagore. Dibujé los dos árboles que tenía delante. Coloqué siete veces la pierna derecha sobe la izquierda y tres veces la izquierda sobre la derecha. Era noviembre, hojas crujientes como cáscaras cubrían todo el suelo. Sentí en el cogote el roce seco de una de ellas. Me llevé la mano al cuello: allí estaba, la hoja se había alojado entre mis hombros. La agarré por un extremo, y quedaron fijadas a mis yemas muescas marrones del tallo roto, pero la hoja seguía en su sitio.

Al rato me levanté. La hoja no se cayó. Subí el camino asfaltado hacia la zona de los columpios. Los niños parecían inquietos. Se acercaba el mediodía. Sentí frío. Quedaban pocas zonas sin penumbra en el parque. Traspasé el gran portón de hierro. Abrí el periódico y leí los editoriales mientras esperaba al autobús. La hoja agradeció la sentada con una suave vibración. Las tres en punto. Abrí de nuevo el diario, ahora al azar. No llegaba el autobús. La hoja seguía cosquilleando, justo en el límite entre el cogote y la espalda. Si movía la cabeza hacia los lados sentía más agudamente su caricia atoñal. Llegó por fin el 52. La máquina que picaba las muescas del abono acompañó su clic con una estentórea vibración. La hoja tembló por un par de segundos al mismo ritmo. Busqué asiento. Poco tráfico. Llegamos pronto al destino.

En cuanto descendí miré hacia el cielo, ahora más despejado. La pobre hoja debió de resentir el movimiento, pero no cayó al suelo. Llamé al telefonillo. Subí a mi casa. Saludé a mis padres. Fregué dos cazuelas y algunos cubiertos y los coloqué con cuidado sobre el secadero. La hoja todavía yacía en mi cuello. Comí deprisa y con apetito. Llené el friegaplatos con la vajilla sucia y la papelera con los huesos de pollo y las mondas de naranja (y también una tapa de natillas; no sé que sucedió con la tarrina). Bebí café, miré la tele. Me encerré en la habitación, escuché música y sesteé, con aquella persistente hoja acompañándome.

Me desperté sobresaltado. Toqué mi cuello. La hoja ya no estaba. Había desaparecido, para siempre. "Para siempre", me dije a mi mismo, repitiendo estas dos palabras sílaba a sílaba: Pa-ra- siem-pre. Sentí un vértigo espantoso.
(Acuarela de Ignacio Huerga)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Memorias del olvido (1)

En el refugio

No hay nada tan grato como esa luz de la mañana. La recuerdo con nitidez, salpicada de focos tenues, filtrados por los bajos bancos de nubes sobre el río. En un ir y venir, serpenteando entre alamedas, el agua baila con el cielo una danza de claros y oscuros distantes. Mi imagen de los prados al amanecer es muy borrosa. Retengo los brillos dispersos de forma vaga. Pero los sonidos permanecen inalterados: Un silencio madrugador, tiznado de voces de pájaros, lejanos tractores y aún más distantes coches y camiones circulando por la línea misma del horizonte. Enjambres de hombres diminutos enseguida moteaban en paisaje, con sus movimientos lentos, camino de los pastos o rumbo a los huertos de la rivera. Las luces en las casas se iban apagando a medida que el sol se levantaba. Llegaría el día, y los sonidos limpios del amanecer desaparecerían, a la espera de un nuevo rencuentro, una mañana más.

Asocio las colinas con el tiempo muerto de la noche. Si pienso en el día, en los días, son los ruidos jaleosos quienes vienen a mí…el trajinar de las labores de labranza, el sonido suave del autobús de la escuela, los murmullos durante las interminables comidas de vacaciones…se transforman todos en un atronar constante de resonancias entremezcladas. Distingo enseguida la voz de mi padre, más firme y ruda que las otras, y enseguida aparto de una patada los recuerdos y me sumerjo otra vez más en la espera.

El olor del albergue llena todo ahora. No es desagradable, pero se filtra con malicia por todos los rincones. Algunos, los que vienen de paso, se marchan con parte de ese aroma vago colgado de los petates, pero es tan intenso que ni este tránsito constante de refugiados logrará nunca disolverlo.

Hay árboles en Zagreb. Crecen junto a las calles y dentro de las casas con pequeño jardín. Una vez observé un sauce viejo, buscando en su corteza un trazo que me devolviera mis recuerdos. Era un árbol mudo.

Continuará
(Foto: Luis Echanove)

Que el tiempo no te cambie

Mi hijo Juan colorea el mundo.

Se muerde un poco la lengua, concentra su mirada de casi tres años en la punta roma del lápiz azul, y colorea el mundo. Pinta un calamar alargado ("un poquito feo", según él). Nada parece importarle tanto en la vida como su calamar larguirucho. Lo rellena de naranja. Dibuja luego un barco, tieso como un poste de luz. Después un triángulo con cara de delfín. "Ya he terminado", dice de pronto. "Papá…¿sabes? En las calles de España no hay caracoles", añade muy resuelto.

De fondo suena "Que el tiempo no te cambie", de Tequila, en versión a ritmo lento de Los Secretos.

jueves, 28 de agosto de 2008

Versos conversos

La visión

El tiempo es una cama azul de luz. La luna duerme sobre el agua. Sopla un viento fuerte. Tu barco navega detrás de un sueño, húmedo y blanco como un día triste.

Pregunto a mi sombra cual es el secreto para entender la escritura de las olas en el mar. "Mira la música; escucha las estrellas; y no te olvides nunca de llorar cuando tengas ganas", me responde.

(Foto: Luis Echanove)

Las historias del gusano barrenador

Santo Prepucio (y los anillos de Saturno)

Han pasado ya varios años, tantos que muchos han olvidado la gravedad del asunto. Pero los hechos son irrefutables: robaron el Santo Prepucio. Ya nadie sabe donde está.

La reliquia, conservada en un pequeño pueblo italiano de calles empedradas, atraía a devotos y curiosos por igual. Bien es cierto que se conserva todavía en el Vaticano la piedra en la que el sagrado prepucio, según piadosa tradición, fuera depositado después de la amputación ritual. Además, Varias iglesias dicen poseer el cuchillo utilizado para la ocasión. Pero no es lo mismo. Santo Prepucio solo había uno, hasta que desapareció. No imagino que la búsqueda de tan preciado órgano constituya una de las prioridades de los carabinieri, muy ocupados siempre en combatir a la mafia o en apalear a rumanos. O tal vez nunca existió el tal prepucio; o tal vez tuviera razón aquel sabio que, siglos atrás, argumentó que el portentoso pellejo bien pudo haber ascendido a los Cielos, en la hora de la resurrección, transformándose en el anillo de Saturno.

Post escriptum: para los muy interesados en este asunto de rabiosa actualidad, recomiendo encarnecidamente (nunca mejor dicho) La entrada ¨Santo Prepucio¨ de la Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Prepucio.

domingo, 17 de agosto de 2008

Sentimientos

Dicen que el dinero mueve el mundo, o la razón, o incluso la tecnología. Yo pienso que eso no es cierto. Al mundo lo mueven los sentimientos. Es está, ¨sentimientos¨, una palabra un tanto degradada por el uso. Desvinculémosla de su acepción más pegajosa, esa que evoca sentimentalismo en su peor versión. Me refiero aquí a sentimientos (positivos, negativos o neutros) en su sentido original, entendidos como las sensaciones, las disposiciones, los estados de ánimo. El dinero, o la razón, o la tecnología son sólo el resultado de actos del sentimiento. Nos sentimos frágiles, queremos tender redes de seguridad que nos alejen del abismo del vacío, y por eso perseguimos el dinero, disfrazamos de razón y de argumentos nuestros impulsos, creamos arte o máquinas, consumimos, hacemos guerras, paseamos, trabajamos, jugamos. Sabemos bien, en realidad, que nada hay como dejarnos atrapar por eso que sentimos al mirar al mar o a las estrellas, o al conversar con los amigos, al disfrutar de un hijo, al oir buena música, al amar.

Nuestro mundo de hoy, con todas sus grandezas y todas sus miserias, con su ciencia que cura enfermedades y sus promesas de prosperidad, con sus grandes justicias, y con sus grandes injusticias y miserias también, el mundo todo, tal cual se nos presenta, es sólo un reflejo de nuestros sentimientos. Como en un espejo, la vida reflecta lo que vivimos por dentro, lo que sentimos.

Y esos sentimientos, finalmente, pertenecen al mismo mundo que nos rodea. Porque sólo somos polvo cósmico; estamos hechos del mismo material que los planetas y los cielos estelares. Somos una fracción del todo, un bucle del universo que, de manera misteriosa, aprendió a sentir.
(Foto: Luis Echanove)

jueves, 14 de agosto de 2008

Ultima hora

Bagdad-(Agencias)
La Casa Blanca acaba de confirmar que fuerzas de la segunda división de marines de los EEUU, acantonadas en la provincia de Ambar (Irak central) han detenido en un control rutinario, en el acceso a Faluya, a un comando de princesas de cuento de hadas. Las sospechosas fueron inmediatamente identificadas por sus vestidos de fiesta de tonos pastel. ¨Nos dimos cuenta enseguida de que había algo sospechoso en ellas debido a sus vestimentas¨, declaró una fuente próxima al Pentágono. Según las mismas fuentes, las princesas no opusieron inmediata resistencia, pero durante los interrogatorios no cesaron de cantar melodías melancólicas. ¨Silbaban a los pajarillos, bailaban valses en sus celdas…está claro que son peligrosísimas", afirmó en declaraciones a la prensa un portavoz militar norteamericano.
(Foto: Juan Echanove)

lunes, 11 de agosto de 2008

Nadie puede parar

Una vez me encontré con el segundo siguiente…ese que siempre está por llegar, ese que aguarda tras la esquina del silencio para huir a la carrera en cuanto uno dobla la calle del presente. Di con él de bruces. La sorpresa mutua fue mayúscula. El segundo siguiente se sentía descubierto, arrinconado y algo ansioso. Yo le miraba atónito, pero cara a cara. Sus ojillos inquietos pedían conversación. “Escúchame y vete, vete a un lugar donde encuentres el sol”, me dijo. “Eso que me has dicho”- contesté- “lo escuché en una canción hace ya mucho tiempo”. Y supo que era verdad.


(Foto de Luis Echanove)

domingo, 10 de agosto de 2008

Hay un poema en mi nevera

Acerca de lo esencial

Cuando ella está triste,
su sombra va languideciendo
detrás de mi jardín.
La lluvia toma mi susurro.
Los pétalos me observan.

Es cierto que la vida canta siempre
por encima de nosotros.
Recordemos pues el verano
y digamos a estos sueños
que no brillen todavía.

Huele la tormenta
y abandona el bosque.

Un día juntos nunca se detiene.

(Foto de Luis Echanove)

martes, 5 de agosto de 2008

Inmersión en tu pecera

Cuestión de caracteres

Miras al cielo y no ves nada, el resol clarea tu vista. Detienes la mirada en la pantalla, un minuto más, una hora más, un día más.

Ya nada es firme, nada existe con certeza, salvo esos caracteres Times New Roman que tanto detestas, o que tanto amas, quien sabe. Es el final de algo, o tal vez el principio, pero un cambio esta por suceder. Lo sabes porque, de algún modo, los márgenes de la página han sido trastocados y el formato del párrafo ya no es igual.

Y ahora escribes en letra Arial, o en Book Antiqua, incluso en Comic Sans MS. Y sabes –porque el ordenador te lo ha dicho- que tu vida es un error, que todo es mentira, que lo único que existe, al fin y al cabo, son los caracteres en tu texto.
(Foto: Luis Echanove)

jueves, 31 de julio de 2008

Lejos de mi ciudad

Dicen que en Madrid es imposible perderse. Basta con caminar sus calles en sentido descendente para sumergirse en el corazón de la ciudad. Pero, ¿qué sucede cuando dejas de escuchar el latido de ese corazón? En ese caso, tal vez es la misma ciudad la que se pierde.
"No recuerdo acaso los detalles.
del Madrid que fue y ahora se esconde.
Dejé mi juventud entre sus calles.
Buscándola regreso, pero ¿a dónde?"
(Acuarela de Ignacio Huerga)

jueves, 24 de julio de 2008

A Olalla en el mar sin orillas

Voy, Olalla, a escribirte unas letras menudas, menudas como tu cuerpecillo de pez flotando, pateando, en el mar sin orillas donde habitas.

Voy, Olalla, a contarte una historia breve, de esas que uno recuerda sin querer pero olvida cuando quiere. Empieza este cuento con un niño navegando en un odre (como tú ahora). Crece el niño y navega otros mares, y encuentra otros odres. Crece y crece, y el niño ya no es niño, es padre, pero navega, siempre navega, porque vivir, Olalla, es navegar.

Cruza los mares, Olalla, de ese claustro en el que moras. Crúzalos de norte a sur y de sur a norte. Crúzalos, que un océano inmenso, sin linderos, es el mundo a donde vienes.
(Foto: Luis Echanove)

Maneras de vivir

El hábito no hace al monje
Hay un monje italiano septuagenario que es cantante de heavy metal. Hace unas semanas inauguró en Padua el festival de Rock “Gods of Metal”. El fraile sale a escena en hábito y chancletas clericales. Gasta tonsura y una larga barba blanca de esas que uno sólo puede imaginar en un monje medieval. He leído en Internet un par de entrevistas y el hombre sabe bien lo que se hace. Con toda sabiduría, asocia el rock duro al gregoriano. Ve en el sonido rotundo un camino directo hacia la trascendencia, un instrumento místico para alcanzar lo divino. Le he escuchado en Youtube y la verdad es que su cavernosa voz y los acordes rasgados de los guitarristas de su banda tienen poco que envidiar, en cuanto a autenticidad rockera, a Metallica, la banda que “convirtió” al heavy a este fraile.

En el fondo, como todo buen forofo del románico sabe, el monacato siempre ha sido proclive a la estética metalera, como las gárgolas de monstruos y dragones de tantos claustros medievales claramente prueban. Yo estoy seguro de que en Silos, en Chartres, en Montecassino, hace ochocientos años, las voces limpias que resonaban en las capillas abadiales provocaban en la feligresía algo parecido a lo que Fratello Metallo (nombre artístico del capuchino del hard rock) causa en los jóvenes italianos que acuden a sus conciertos.

Esperemos que Ratzinger se aficione al punki pronto. Creo que con el pelo de verde atraería a más publico que con la capa de armiño.

(Foto: Luis Echánove)

lunes, 21 de julio de 2008

El laboratorio del cuelgue (2)

Prueba numero dos: Definiciones indefinidas

Instrucciones: (1) Elija una frase al azar. (2) Sustituya las palabras por sus definiciones del diccionario. (3) Después, transcriba el resultado en su página Web.

Resultado del experimento:

Escoja o seleccione sin orden ni planeamiento un conjunto de palabras que tengan un sentido y coloque para que las reemplacen, en lugar de los sonidos articulados que expresan una idea, sus fórmula por medio de la cual se definen dando un conjunto de propiedades suficiente para designar de manera unívoca un objeto, individuo, grupo o idea del libro en el que, por orden generalmente alfabético, se contienen y definen todas las palabras de uno o más idiomas o las de una materia o disciplina determinada. Con posterioridad en el tiempo, escriba o anote el efecto y consecuencia del hecho, operación o deliberación en el documento perteneciente o relativo a la persona situado en una red informática, al que se accede mediante enlaces de hipertexto.

Comentario: La exactitud es muy aburrida.

(Foto: Luis Echanove)

domingo, 20 de julio de 2008

El laboratorio del cuelgue (1)

Prueba numero uno: Selección aleatoria

Instrucciones: (1) Adquiérase un Ipod. (2) Introdúzcase en el mismo la música favorita de todos los CDs que uno posea. (3) Presiónese la tecla “Selección aleatoria” del programa Itunes. (4) Escríbase una frase breve describiendo el primer recuerdo que asalta a la cabeza con cada canción que suene. (4) Cuélguese el resultado en el blog personal.

Resultado del experimento:

Un autobús de colegio, rumbo a Riofrío, escuchando Men at Work con los walkman. La música de los Clash, sonando a toda pastilla, en una fiesta en Villaviciosa de Odón. Las canciones de Ella Baila Sola, de fondo una lenta tarde tropical en nuestra casa de Managua. Carmen bailando a Shakira en el salón, gesticulando como una posesa. Haciendo karaoke de “Un beso y una flor” en el cuarenta cumpleaños de mi hermano. Cecilia sonando en el Monte de los Olivos, en Jerusalén. Tarareando el Unicornio Azul, en la Cabanga, con Nicaragua en las venas. Eva moviéndose al ritmo flamenco de Antonio Flores, con media sonrisa de felicidad plena. Un tema de jazz que no me trae ningún recuerdo concreto. Perdido en mi habitación con Mecano, una tarde adolescente, en temporada de exámenes. Los Ramones perforándome los tímpanos mientras bailo a saltos en un garito de Malasaña. Herido por “la bala” de Ofilio Picón, queriendo tocar la música con las manos desnudas. Viviendo intensamente “so Payaso” de Extremoduro, en casa de Sabina Pera. Oyendo playa Girón en bahía de Cochinos, una tarde después de bucear en el Caribe. Mozart sin más, aquí, ahora. 20 de abril del 90, escuchando Celtas Cortos en la radio del coche, camino de la Facultad. El Dúo Dinámico sonando en el comediscos rojo de Pochete mientras leíamos tebeos.

Comentarios: prueba fallida; el azar existe; no sonaron Los Secretos y creo haber escuchado alguna canción ausente en mi colección de CDs.

(Foto: El autor del experimento fotografiado por Luis Echánove)

jueves, 17 de julio de 2008

Monotemas monoteistas (1)

El fundamentalismo religioso en Estados Unidos
(Extracto de "Ecos del Desierto")

Puede que tenga razón Harold Bloom cuando afirma que, por encima de su gran su mosaico de confesiones, Norteamérica ha creado una nueva religión, más inspirada en el gnosticismo, una antigua mística de la salvación, que en el cristianismo. Una religión de matriz pre-cristiana que permite proclamar a George W. Bush que Dios está con ellos, que Dios les conoce y les ampara. Una cultura en la que el relato bíblico colma la ausencia de profundidad histórica. El célebre “Dios bendiga a América” es una declaración de fe manifiestamente tribal. No se puede comprender cabalmente la historia de los Estados Unidos si no se toma en consideración toda esa corriente ideológica consistente en considerarse un pueblo especialmente elegido por Dios para redimir una tierra virgen y a la larga, el mundo entero a partir de los valores de la libertad, la democracia y el libre mercado.

Esta corriente de pensamiento bebe directamente del Antiguo Testamento, del que tan amante fueron los primeros norteamericanos desde los tiempos de los Padres Peregrinos. Dicha corriente ultra-radical, materializada en la llamada “guerra contra el Terror”, ha gobernado los designios del pueblo norteamericano durante la administración Bush como nunca antes en la historia de la gran democracia americana. George W. Busch es, desde 1985, un cristiano renacido. En el 2004 declaró que “Estados Unidos ha sido bendecido gracias a nuestra fe en Jesús. El mundo entero tiene los ojos puestos en nuestro país y espera que le guiemos por los caminos de la moral”.

La Norteamérica brillante, laica y la vez mística que profetizó Ralph Waldo Emerson, ha permanecido varios años enterrada bajo en oscuro manto de la ambición petrolera y la plutocracia de los lobbies y las grandes corporaciones, pero –no me cabe la menor duda- resurgirá un día como faro de libertades.

(Foto: Luis Echanove)

lunes, 14 de julio de 2008

Aquel verano

Fue una mañana poco antes del verano, hace ahora más de treinta años. Cuando se es niño nada hay tan fascinante como los últimos días del colegio. Con siete años (¿o eran ocho?) la excitación previa a las vacaciones es el equivalente a la felicidad. A la llamada de mi padre me desperté. Pasó un rato. Tal vez me vestí, tal vez zanganeaba en la cama. No recuerdo. Tampoco sé lo que me llevó a asomarme a su dormitorio. Allí estaba: mi padre, sentado al borde la cama, con la cara arrugada del dolor, no de un dolor agudo, más bien de un dolor desconcertante, de una molestia súbita y odiosa (esa cara sí no la he olvidado). Me miró de refilón, y entendí algo, algo que no podía expresar con palabras. No sé si desperté a mi madre o si se levantó ella sola. Salí de su habitación. Pasé una eternidad de varios minutos jugando junto al rellano de la puerta de mi cuarto, pendiente de las conversaciones confusas, del sentido de urgencia que de pronto había invadido la casa. Supe enseguida que ya nada sería igual después de aquel amanecer extraño.

Al rato (otra eternidad), y para mi sorpresa, entró la tía Angeli en mi habitación. Me llevó al cole en su coche verde. Estaba muy nerviosa. Pregunté si papá se pondría pronto bueno. Me dijo que sí, pero me habló de una ambulancia. Llegamos al colegio. Hacía rato que la clase había comenzado. Recuerdo bien esa sensación embarazosa de entrar en el aula con mis compañeros ya sentados y la profesora en su bata blanca mirándome sorprendida, agarrando una tiza en la mano. Expliqué que estaban operando a mi padre. Lo dije con el orgullo de niño que lleva una aventura en el bolsillo. Me lo había inventado. Pero era verdad.

Pasaron unas semanas confusas. Las palabras hemiplejia, UVI y trombosis se incorporaron enseguida a mi vocabulario infantil. Yo vivía aquellos días algo asilvestrado, al cuidado difuso de mi hermana Aránzazu, de Esperanza la asistenta, casi siempre junto a mi hermano Luis. Nunca fui al hospital. Apenas veía a mi madre. Llegó julio. Mi abuela nos llevó a Luis y a mí a su apartamento en Almuñecar para alejarnos del torbellino. Fue entonces cuando empecé a dibujar mapas sobre folios usados; los pegaba unos a otros con papel celo, hasta conformar hojas enormes sobre las que trazar calles ficticias por las que mis coches matchbox podrían transitar y playas de arenas blancas en las que desembarcar mis soldaditos de plástico. Había decidido trazar a escala esas batallas de la guerra mundial que mi padre ya no podía contarme. Me escondía en mis mapas.

Terminó el verano. Nos reencontramos con mi padre en El Escorial. Me habían explicado que no podía hablar bien, que había olvidado escribir, que andaba con muleta, que movía mal el brazo. Recuerdo ese momento con perfecta claridad: Mi padre entró por la puerta, venía de un paseo por el jardín de atrás. Yo estaba sentado en el sofá del salón. Nos veíamos por primera vez en dos meses. Nuestras miradas recorrieron el pasillo despacio. El me regaló una sonrisa inmensa, grande como el mar. Yo salí corriendo hacia él y le abracé en silencio, feliz.

Cierro los ojos y siento eso mismo otra vez, una mañana poco antes del verano, hace ahora más de treinta años.
(Foto: Acuarela de Luis Echánove Mugártegui)

domingo, 13 de julio de 2008

Verano en Plescen (y IV)

(Cuento por entregas)
Amanecí al día siguiente presa de una gran inquietud. Apenas pude trabajar. Me entraron fuertes tentaciones de indagar sobre la identidad del misterioso visitante de la noche anterior o echar un vistazo al lugar de la cita antes de la hora prevista. Me abstuve de todo ello y pasé la jornada haciendo esbozos en mi cuaderno de anotaciones sentado en uno de los bancos junto a la chimenea de la posada.

Pocos minutos antes de la cita calcé mis botas de caña, me eché sobre los hombros la gruesa pelliza de armiño y, con un candil de gas encendido –faltaba poco para la anochecida- me encaminé hacia el destino fijado.

Nadie asomaba por las calles de Plescen. Salvo los domingos y días de fiesta, era raro toparse con algún viandante después de las horas del trabajo. Soplaba un viento desagradable, de modo que decidí caminar con pasos rápidos. En poco tiempo llegué a la bocacalle de la que partía el camino hacia el antiguo matadero. Nunca había enfilado antes aquella oscura calleja. Con la noche ya señera y sin más luz que la tenue compañía de mi candil, por poco tropecé en un par de ocasiones.

Se me hizo largo el recorrido. Aquella calle, ya transformada en camino, moría al pie de la entrada al matadero. Éste, según los planos que tanto había consultado aquel verano, y si mal no recordaba yo, no distaba de allí más de doscientas varas. A un lado y otro seguía sucediéndose las casas de piedra vista y sin repellar, tristes y negras como la noche.

Por fin llegué a la parte final de camino. Eché un vistazo al lado derecho. Una estrecha senda conducía a un edificio, cuya silueta apenas era perceptible desde allí. Tomé la senda y a los pocos metros me topé de bruces con la casa: Era soberbia, de dos plantas.

Sus muros lisos y repellados lucían un espectacular despliegue de coloridos.
(Foto: Luis Echánove)

jueves, 3 de julio de 2008

Sueño con el mar

Ayer de mañana, temprano, cuando todos dormían menos los pájaros, las hormigas y los árboles, soñé con el mar.
Vi un pez sin nombre navegando sobre la cresta de las olas. Vi también un rayo de luz cruzando el cielo. Su resplandor cegaba a las nubes.
“Ya entiendo”, me dije, “el océano guarda una respuesta”.

(Foto: Luis Echánove)

miércoles, 2 de julio de 2008

Verano en Plescen (III)

(Cuento por entregas)

Una tarde de inicios de septiembre, abatido por el trabajo y la pesadumbre, me retiré a mi habitación antes de lo usual. Por lo general tomaba mis notas de trabajo en la gran sala de la posada, uno de cuyos rincones había yo transformado a mi antojo en despacho de campaña. Sólo destinaba el cuarto a dormir y, los domingos, a holgazanear leyendo novelas románticas sin levantarme de la cama.

Alguien aporreó la puerta de la habitación mientras me quitaba las botas. Un sudor frío me recorrió la espalda…¿de quién se trataría? Nunca había recibido más visitas allí que las del posadero reclamándome los sábados a primera hora el pago semanal. Me alcé de un brinco y abrí la puerta chirriante sin quitar el pestillo. Por la ranura pude contemplar a un hombre añoso y mal encarado al que jamás antes había visto. Me disponía a preguntarle quien era y de que se trataba su visita cuando el arrancó a hablar, con el acento esquivo de las gentes de los páramos.

- Sé lo que ha venido a hacer a Plescen. Todos los sabemos, pero nadie le quiere ayudar. Tal vez yo pueda hacerlo. Acuda mañana a esta misma hora a mi casa. Es la última al fondo de la calle que conduce al matadero. Se llega por una pequeña trocha a la derecha del camino.

Quedé atónito y sin capacidad de responder otra cosa que no fuera un desesperado “¡espere!”. Su figura huyó del otro lado de la puerta, antes siquiera de que yo terminara de abrirla.

Esa noche no pegué ojo. Cavilé incesantemente cualquiera de las posibles explicaciones a tan inusitada visita. Tal vez aquel anciano pudiera confirmar alguna de las tesis tradicionalmente sostenidas para explicar las particularidades de la arquitectura del poblado, como aquella referente a un sustrato antropológico distinto al del resto de la región, que justificaría una trayectoria cultural diferente. O bien aquella conforme a la cual en tiempos remotos el insalubre clima de los páramos habría obligado a los otros poblados a repellar sus viviendas para sanear los muros; medida que en Pliscen nunca se habría adoptado por gozar de un aire más sano gracias al viento procedente del gran lago. O aquella otra que justificaba la medida por razones políticas, como un modo de distinguir a aquel pueblo, nunca sometido a señorío feudal alguno, de las poblaciones bajo régimen de vasallaje nobiliario. Estas y otras teorías gozaban de cierto crédito en el reducido círculo de los arquitectos e historiadores interesados en el tema. Yo sabía, por una serie de motivos que no ha lugar ahondar ahora, que ninguna resultaba plenamente satisfactoria. No era descabellado, sin embargo, que algún anciano del pueblo conociera la auténtica razón de aquello, tal vez transmitida por tradición oral de padres a hijos durante un sin número de generaciones.

(Foto de Luis Echanove)

sábado, 28 de junio de 2008

Dignidad

A todos nos gustan unas palabras más que otras, tal vez por como suenan, tal vez por lo que evocan, por los recuerdos que a ellas asociamos, o simplemente por su significado literal. La palabra “dignidad” es una de mis favoritas, por todas esas razones y tal vez algunas más.

Ayer me enfrenté cara a cara con esa palabra en el último rincón de Mindanao, en un tú a tú sin intermediarios de ninguna clase. Ante mí se alzaba la palabra “dignidad”, desplegada en todos los idiomas posibles, en forma de rostro curtido de un ex vagabundo reclutado como recolector de basura por las autoridades de su barrio. Gana 20 euros al mes. Recorre las calles de lodo todas las tardes en un triciclo cargado de sacos con los desperdicios del vecindario. No sé qué edad tiene, pero aparenta mucha. No habló conmigo. Yo sí con él, aunque mis palabras no debieron decirle demasiado.

De su silencio fluía un mensaje claro, transparente: dignidad, así, sin más, sin adjetivos, verbos ni pronombres. Aquellas facciones resumían el significado de esa palabra mejor que el diccionario más completo. La dignidad ni se compra ni se regala. Está o no está: como el agua dentro de un vaso; como los pasajeros en un tren; como los cromos de colección en el álbum de un niño. Lo leí en su mirada, en sus arrugas. Fue en una calle sucia, una tarde de sol.